In nican ca tlamachilliztlatolzazanilli ye huecauh mochiuh- Aquí están las palabras-recuerdo que repiten lo que se sabe que sucedió en la antigüedad

viernes, 3 de enero de 2014

Oración fúnebre leída sobre el sepulcro de Doña Margarita Maza de Juárez la tarde del 3 de enero de 1871


“El “club central del Pueblo” verificaba su tercera sesión y aplaudía á los oradores que con tanto acierto estudiaban la cuestión política, cuando de pronto se entregó una carta al ciudadano presidente del club, en el cual se le manifestaba que Margarita Maza de Juárez había dejado de existir. El general Negrete, bastante conmovido, propuso que el club honrara la memoria de tan apacible señora, asistiendo á los funerales, y nombrado al efecto un orador, cuyo nombramiento recayó en mí.

Desde el instante en que se autorizó mi voz para hablar en nombre de un pueblo sobre la fosa abierta de Margarita, mil y mil ideas vinieron del pasado á ocupar mi imaginación, y á pedirme todas ellas un lugar preferente en mi fúnebre discurso. ¡Es tan triste evocar un recuerdo!.... ¡Es tan doloroso alzar el sudario para buscar en él un cuerpo humano! Y sin embargo, llega el momento en que es preciso hacerlo, en que es necesario tocar el borde del sepulcro para estudiar desde allí el valle de la vida.

¡Margarita ha muerto! Se ha dicho desde la alcoba que recibió su postrer adiós al mundo, y esa palabra atravesando por entre el ramaje de los árboles ha corrido de calle en calle, de boca en boca, hasta tropezar con nuestro club, el cual, como herido de un rayo, ha contestado con un solo gemido, con una sola y fúnebre demostración. Nada, señores, es más natural que morir, nada es más fácil que ocupar un sepulcro; y sin embargo, cuando una persona amada abandona la vida, nos preguntamos todos si aquello es posible, y si el cadáver que tenemos delante de nuestros ojos es el de la persona que ayer reía y disfrutaba del placer.

¡Margarita era tan buena! llevaba en su rostro pintada de tal manera la bondad y el cariño, que nunca pudiera creerse que la ira ni el encono empañaran su carácter ¡Cuántas, cuantas veces la he visto! La reacción apuntaba sus cañones sobre las muralla de Veracruz, cuando ese ángel de ternura llegaba á unirse á su esposo para comenzar desde entonces una peregrinación triste y dolorosa. En Nueva York cruzaba las calles acompañada de sus hijos, á quienes llevaba á los planteles de educación para aprovechar dignamente el nebuloso tiempo de su proscripción, Allí  vino la muerte á tender la guadaña en su familia, y un niño ocupó en suelo extranjero una pequeña sepultura. La madre derramó esas lágrimas que solo una madre sabe derramar, pero á semejanza del ave que ha perdido su hijo, tendió su vista en derredor, y al ver otros hijos que reclamaban su amparo, abrió los brazos, los estrechó en ellos, y el cielo le aconsejó desde entonces la calma y la resignación.  Margarita ha sentido con la democracia, y con la democracia ha gozado también. Jamás, ¡oh, sí! jamás la vanidad y el orgullo la levantaron á la fatuidad y al despotismo: en el hogar doméstico y rodeada de su familia, se entregaba á sus labores con la misma sencillez que cualquiera otra persona de menos representación social, y veía siempre en Juárez á su esposo : nunca al primer Jefe de la República : el pobre hallaba en sus manos la limosna; el soldado veía en ella á su protectora, y no pocas lágrimas se enjugaron con la mano de ese ángel. Juárez ha perdido en ella la mitad de su vida : sus hijos el timón del hogar doméstico, y la sociedad un alma bienhechora!....

Adiós, Margarita; lo que yo digo ahora en tu sepulcro, lo he dicho también cuando vivías. Mis palabras no son un discurso, sino una plegaria; no te he traído mi cabeza, sino mi corazón.  Un pueblo que reconoce tus virtudes y que las venera, viene conmigo: ese pueblo te respeta como la esposa del primer gobernante, y te ama como la bienhechora de los pobres. Cada uno de los hombres que forman este pueblo, abandona sus talleres hoy para demostrarte su duelo; ¡tantos y tantos corazones laten y sienten solo para ti!
Y vosotros, señores, que secundáis esta reunión, decid al primer magistrado de la República, que el Club central del pueblo le envía su pésame, y que sobre la tumba de la virtusosa Margarita, viene a poner su flor de despedida.- Joaquín Villalobos.”


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